La intervención técnica puede estar justificada, pero será insuficiente si la Universidad no analiza las causas sociales y territoriales del problema ni incorpora a su comunidad en la respuesta
El 18 de agosto de 2026, la Universidad de Alicante publicó un comunicado oficial sobre la situación de los patos criollos del campus, en el que presenta la intervención emprendida como resultado de un procedimiento científico, técnico y administrativo (Universidad de Alicante, 2026).
El comunicado aporta explicaciones necesarias sobre la participación de diferentes servicios, la autorización municipal para capturar y realizar un muestreo sanitario, la intervención de personal especializado y el compromiso de no abandonar ni liberar a los animales en otro espacio natural.
Estas aclaraciones deben reconocerse. Sin embargo, lo que está sucediendo en el campus no puede reducirse a una cuestión sanitaria, biológica o de control poblacional.
Nos encontramos ante un conflicto socioambiental.
Esta afirmación no responde a una opinión personal ni a una reacción emocional. Los conflictos socioambientales surgen cuando distintos actores discrepan sobre la definición de un problema relacionado con un territorio, sus causas, los valores afectados, la distribución de responsabilidades y la legitimidad de las soluciones adoptadas.
En el campus de la Universidad de Alicante concurren todos estos elementos: una población animal presente desde hace décadas; unos espacios artificiales progresivamente naturalizados; diferentes interpretaciones sobre la salubridad, la biodiversidad y el bienestar animal; decisiones institucionales cuestionadas; personas cuidadoras y colectivos preocupados; demanda de información; y una comunidad universitaria dividida sobre qué debe hacerse.
No estamos únicamente ante un problema de patos. Estamos ante un conflicto sobre cómo se gestiona un territorio compartido y sobre quién puede decidir qué animales pertenecen a él, cuáles se consideran problemáticos y qué destino deben tener.
La Ecología, la Biología y la Veterinaria son indispensables para identificar las especies, analizar sus poblaciones, evaluar su estado sanitario y determinar sus posibles impactos. Pero ninguna de estas disciplinas puede explicar por sí sola la totalidad del conflicto.
La Sociología Ambiental estudia las relaciones entre sociedad y naturaleza, la construcción social de los problemas ambientales, la percepción del riesgo, las prácticas de cuidado, las relaciones de poder, la confianza institucional y los procesos mediante los cuales las decisiones adquieren o pierden legitimidad.
Por eso resulta inapropiado descalificar las críticas como “ecopijismo”, falta de formación o simple ruido generado por las redes sociales. Es indudable que en ellas pueden difundirse afirmaciones incorrectas, pero situar en ese mismo plano cualquier discrepancia invisibiliza a profesionales, investigadores y miembros de la comunidad universitaria que están planteando objeciones fundamentadas.
La literatura científica explica que muchos de los denominados conflictos entre humanos y fauna son, en realidad, conflictos entre personas y organizaciones acerca de los animales.
Redpath y sus colaboradores señalan que su gestión requiere reconocer el problema como compartido, trabajar con una base de evidencias transparente e identificar los intereses y costes existentes. Madden y McQuinn advierten, además, que las manifestaciones visibles de estos conflictos suelen estar vinculadas a problemas sociales más profundos relacionados con la confianza, el reconocimiento y la participación en las decisiones.
Disponer de informes veterinarios o biológicos no significa, por tanto, haber estudiado científicamente el conflicto en su conjunto. Un diagnóstico sobre los animales no sustituye un diagnóstico social.
La Universidad informa de la participación de distintos servicios, especialistas, una empresa contratada y las administraciones competentes. También explica que el Ayuntamiento de San Vicente del Raspeig autorizó la captura, el control y el muestreo sanitario de los patos criollos.
Estas actuaciones pueden estar técnica y administrativamente justificadas. Lo que debe cuestionarse es que se presenten como una respuesta suficiente.
Un procedimiento puede cumplir los requisitos legales y, al mismo tiempo, generar rechazo social. Una decisión puede apoyarse en criterios biológicos y carecer de legitimidad para una parte de la comunidad. Una actuación puede retirar una población sin modificar las condiciones que favorecieron su establecimiento.
El comunicado invoca procedimientos rigurosos, científicos expertos, una empresa especializada e instalaciones autorizadas. Sin embargo, no permite acceder a los informes esenciales que fundamentan la decisión ni explica suficientemente el censo de animales, las alternativas consideradas, el destino definitivo de todos los ejemplares o el sistema de seguimiento posterior.
La transparencia científica no consiste únicamente en afirmar que existen datos. Requiere facilitar el conocimiento de esos datos, de los métodos empleados para obtenerlos y de los criterios utilizados para tomar la decisión.
Tampoco se construye legitimidad comunicando una actuación cuando ya ha sido decidida. La legitimidad requiere información previa, explicación comprensible, interlocución y reconocimiento de los actores afectados.
La Universidad de Alicante no gestiona únicamente edificios, jardines e instalaciones hidráulicas. Gestiona un territorio abierto en el que interactúan personas, animales, vegetación, agua, infraestructuras y prácticas sociales.
La investigación científica confirma la importancia ecológica de estos espacios. Sanllorente y colaboradores compararon quince campus universitarios españoles con otras zonas urbanas próximas y encontraron una mayor diversidad de aves en los campus, además de casi el doble de especies de interés para la conservación.
Esto significa que las universidades pueden funcionar como refugios de biodiversidad urbana. Pero también implica responsabilidades. Las decisiones sobre jardinería, mantenimiento del agua, obras, iluminación, alimentación o movilidad producen efectos sobre los animales que utilizan el campus.
La consideración administrativa de determinados estanques como ornamentales no elimina la función ecológica que han adquirido. Si durante décadas han proporcionado agua, alimento o refugio, los animales los incorporan a su hábitat con independencia de la finalidad para la que fueron construidos.
Por eso, su mantenimiento debe contemplar las consecuencias sobre la fauna, especialmente durante el verano y ante temperaturas extremas. No se trata de impedir la limpieza ni de ignorar los requisitos sanitarios, sino de integrar mantenimiento, salud pública, biodiversidad y protección animal dentro de una misma planificación.
La Universidad reconoce en su comunicado que durante años se han abandonado en el campus patos y otras aves mantenidas previamente como mascotas o en cautividad.
Este reconocimiento es fundamental, porque demuestra que la situación no tiene un origen exclusivamente biológico. También procede de comportamientos humanos y de la ausencia de una respuesta preventiva capaz de intervenir sobre ellos.
La reubicación de los patos criollos puede modificar la población actual, pero no impedirá necesariamente que aparezcan nuevos ejemplares de la misma especie u otras aves domésticas abandonadas. Tampoco evitará que diferentes aves se desplacen entre el Bosque Ilustrado, los estanques y otras zonas del campus.
El recinto continúa ofreciendo agua, alimento, refugio y lugares de reproducción. Si se mantienen los abandonos, la alimentación inadecuada, la reproducción no gestionada, la ausencia de vigilancia y la falta de seguimiento, podrán volver a generarse situaciones semejantes.
Quizá cambien los individuos o las especies, pero regresarán los conflictos relacionados con la salubridad, el bienestar animal, la conservación de la biodiversidad y la atribución de responsabilidades.
No existe una evidencia específica que permita afirmar que la retirada de estos patos producirá necesariamente una recolonización idéntica. Pero sí existe suficiente conocimiento para sostener que actuar exclusivamente sobre los individuos no modifica por sí mismo las condiciones sociales y territoriales que favorecieron el problema.
Retirar una población y gestionar un territorio no son la misma cosa.
Las experiencias de gestión de perros y gatos en campus universitarios no pueden trasladarse automáticamente a los patos. Son especies diferentes y presentan dinámicas poblacionales distintas. Sin embargo, proporcionan evidencia relevante sobre la necesidad de actuar de forma continuada en territorios abiertos sometidos a abandonos, desplazamientos y diferentes prácticas humanas.

En la Universidad Federal de Minas Gerais, en Brasil, la presencia y el abandono de perros y gatos habían generado conflictos dentro de la comunidad universitaria. La institución creó una Comisión Permanente de Políticas Animales para desarrollar una gestión ética de estas poblaciones y vigilar la fauna silvestre.
La investigación publicada por Bicalho y colaboradores en 2024 no se limitó a estudiar a los animales. También analizó las percepciones de la comunidad académica, identificó abandonos y entradas desde áreas próximas, realizó censos, estableció mecanismos de seguimiento y desarrolló medidas de información, prevención y coordinación.
Los autores sostienen que la gestión de animales en campus debe integrar aspectos políticos, conductuales, ecológicos, sanitarios y socioambientales. También describen cómo los conflictos entre profesorado, personal, responsables institucionales y personas cuidadoras pudieron abordarse mediante información, diálogo y procedimientos compartidos.
Otro estudio, realizado por Ruiz Izaguirre y Oseguera Montiel en varios campus de la Universidad Autónoma de Yucatán, analizó 353 cuestionarios cumplimentados por estudiantes, profesorado y personal administrativo y de servicios. Sus resultados mostraron percepciones y preocupaciones diferentes según los actores. Los investigadores concluyeron que una gestión adecuada debía incorporar activamente a la comunidad universitaria.
Los programas prolongados de gestión de gatos desarrollados en universidades de Australia, Estados Unidos y Sudáfrica muestran también que el control poblacional requiere continuidad, seguimiento, suficiente intensidad de intervención y atención a la llegada de nuevos individuos. Una actuación parcial o temporal no garantiza una solución duradera.
Estos trabajos no determinan qué medida concreta debe aplicarse a los patos criollos de Alicante. Sí demuestran algo fundamental: una universidad no puede gestionar poblaciones animales sin conocer simultáneamente su dinámica, las características del territorio y las prácticas y percepciones de las personas.
Cuando una institución interpreta las críticas exclusivamente como desconocimiento, presión emocional o desinformación, corre el riesgo de intensificar el conflicto.
Las personas dejan entonces de discutir solamente sobre los patos y comienzan a hacerlo sobre la transparencia de la Universidad, el reconocimiento de sus preocupaciones, la confianza en sus responsables y el derecho a participar en las decisiones que afectan a un espacio compartido.
El conflicto pasa de una cuestión concreta —qué hacer con los animales— a otra más profunda: quién posee el conocimiento legítimo, quién puede hablar, a quién se escucha y cómo ejerce la institución su autoridad.
Las investigaciones sobre conflictos de conservación muestran que ignorar estas dimensiones puede aumentar la polarización y deteriorar la confianza. La autoridad institucional puede ejecutar una intervención, pero no puede imponer su aceptación social.
La preocupación moral y las prácticas de cuidado no sustituyen la evidencia técnica. Pero tampoco son comportamientos irracionales o científicamente irrelevantes. Son realidades sociales que deben conocerse, analizarse y gestionarse.

Una perspectiva socioambiental no propone dejar crecer indefinidamente una población ni renunciar a intervenir. Tampoco enfrenta el bienestar animal con la salud pública o la biodiversidad.
Propone ampliar el diagnóstico.
El problema debe analizarse como una realidad formada simultáneamente por animales, personas, infraestructuras, normas, valores, comportamientos y decisiones institucionales. Esto exige conocer las poblaciones y su estado sanitario, pero también identificar a los actores, comprender las percepciones existentes, prevenir los abandonos, mejorar la comunicación y establecer mecanismos permanentes de coordinación y evaluación.
La Universidad de Alicante dispone de conocimiento especializado en Biología, Ciencias Ambientales, Sociología, Derecho, Educación, Comunicación y otras disciplinas. Tiene la oportunidad de convertir esta controversia en un proyecto interdisciplinar aplicado a su propio campus.
Como antigua alumna, socióloga e investigadora social, no cuestiono que la Universidad deba intervenir. Cuestiono que una actuación técnica sobre los animales pueda presentarse como la solución de un conflicto cuyas causas también son territoriales, institucionales y sociales.
Retirar los patos puede resolver temporalmente una manifestación del problema. Una respuesta a la altura de una universidad exige comprender por qué se ha producido, intervenir sobre sus causas y evitar que vuelva a repetirse con otros individuos o especies.
La Universidad todavía puede transformar este conflicto en una oportunidad de investigación, innovación y responsabilidad institucional. Para ello debe asumir que la Sociología Ambiental también es ciencia y que ningún problema socioambiental puede resolverse ignorando su dimensión social.
Esther Esquembre Bebia
Socióloga, investigadora social y consultora en gobernanza relacional y responsabilidad animal aplicada.
Universidad de Alicante. (2026, 18 de agosto). Comunicado oficial de la UA sobre la situación de los patos criollos en el campus. Actualidad Universitaria. https://s.ua.es/es/VtOT
Bicalho, G. C., Oliveira, L. B. S., de Oliveira, C. S. F. et al. (2024). Realities, perceptions, and strategies for implementation of an ethical population management program for dogs and cats on university campuses. Frontiers in Veterinary Science, 11, 1408795. https://doi.org/10.3389/fvets.2024.1408795
Jones, A. L. y Downs, C. T. (2011). Managing feral cats on a university’s campuses: How many are there and is sterilization having an effect? Journal of Applied Animal Welfare Science, 14(4), 304-320. https://doi.org/10.1080/10888705.2011.600186
Madden, F. y McQuinn, B. (2014). Conservation’s blind spot: The case for conflict transformation in wildlife conservation. Biological Conservation, 178, 97-106. https://doi.org/10.1016/j.biocon.2014.07.015
Redpath, S. M., Young, J., Evely, A. et al. (2013). Understanding and managing conservation conflicts. Trends in Ecology & Evolution, 28(2), 100-109. https://doi.org/10.1016/j.tree.2012.08.021
Ruiz Izaguirre, E. y Oseguera Montiel, D. (2021). Roaming the campus: University stakeholders’ perceptions of, and interactions with, campus cats and dogs. Anthrozoös, 34(3), 423-439. https://doi.org/10.1080/08927936.2021.1898213
Sanllorente, O., Ríos-Guisado, R., Izquierdo, L., Molina, J. L., Mourocq, E. e Ibáñez-Álamo, J. D. (2023). The importance of university campuses for the avian diversity of cities. Urban Forestry & Urban Greening, 86, 128038. https://doi.org/10.1016/j.ufug.2023.128038
Spehar, D. D. y Wolf, P. J. (2019). Back to school: An updated evaluation of the effectiveness of a long-term Trap-Neuter-Return program on a university’s free-roaming cat population. Animals, 9(10), 768. https://doi.org/10.3390/ani9100768
Swarbrick, H. y Rand, J. (2018). Application of a protocol based on Trap-Neuter-Return (TNR) to manage unowned urban cats on an Australian university campus. Animals, 8(5), 77. https://doi.org/10.3390/ani8050077