La fauna del campus no es un problema que se elimina, sino una responsabilidad que se gestiona


La polémica por los patos evidencia la necesidad de que la Universidad de Alicante adopte un plan estratégico de protección y gestión de la fauna que cohabitan en el campus

La reciente decisión de la Universidad de Alicante de impedir que los patos continúen desplazándose libremente por el campus y concentrarlos en el lago del Bosque Ilustrado puede parecer, a primera vista, una cuestión menor de mantenimiento, higiene o reorganización de los espacios universitarios. Sin embargo, detrás de esta medida existe un problema mucho más profundo: la ausencia de una política integral, preventiva y transparente para gestionar la fauna silvestre, comunitaria y de origen doméstico que habita en el campus.

La Universidad de Alicante ha integrado simbólicamente a los patos a su imagen de Campus Universitario

Como antigua alumna de esta Universidad, puedo confirmar que los patos ya formaban parte del paisaje cotidiano del campus a mitad de los años 90. Para quienes estudiábamos allí no eran una presencia excepcional ni un problema sobrevenido. Formaban parte de los estanques, del entorno universitario y de nuestra experiencia diaria.

No puedo afirmar quién introdujo los primeros ejemplares ni con qué finalidad, porque no he encontrado documentación que lo acredite. Pero la responsabilidad institucional actual no depende de conocer ese origen. Deriva de una presencia conocida, tolerada y normalizada durante más de treinta años.

Por eso, ante la reciente decisión de impedir que los patos continúen desplazándose libremente por el campus y concentrarlos en el lago del Bosque Ilustrado, la pregunta no debería ser solamente qué hacer ahora con ellos. La pregunta es por qué, después de más de tres décadas, su gestión continúa abordándose como si se tratara de un problema inesperado.

La polémica obliga a mirar más allá de los patos. Lo que está en juego es el modo en que una institución educativa y científica del siglo XXI entiende y gestiona la presencia de los animales que cohabitan en sus instalaciones.

Un espacio creado por las personas y ocupado por la vida

El Bosque Ilustrado y sus lagos fueron creados en los años noventa. Según la propia Universidad, este espacio ocupa aproximadamente 65.000 metros cuadrados y alberga vegetación adaptada al clima local y representativa de diferentes paisajes de la Comunitat Valenciana.

Sus lagos forman parte del sistema de almacenamiento y regulación del agua desalada utilizada para el riego. Con el paso del tiempo, sin embargo, se han convertido también en hábitats naturalizados, utilizados por ánades, peces, tortugas y diferentes aves silvestres vinculadas a medios acuáticos.

Que un espacio tenga un origen artificial no reduce su valor ecológico ni elimina las responsabilidades hacia los animales que lo habitan. Cuando las condiciones creadas por las personas atraen, concentran o permiten el establecimiento de fauna, las decisiones sobre el mantenimiento de esos espacios pasan a tener consecuencias directas sobre ella.

En el conjunto del campus se han registrado alrededor de noventa especies de aves a lo largo de las distintas estaciones. Junto a ellas cohabitan ardillas rojas, erizos, murciélagos, salamanquesas, ranas, peces, insectos polinizadores, gatos comunitarios y animales de origen doméstico. Algunas especies residen de manera estable; otras utilizan el campus para alimentarse, reproducirse o descansar durante sus desplazamientos migratorios.

La Universidad no administra, por tanto, un recinto exclusivamente humano acompañado de jardines ornamentales. Gestiona un ecosistema urbano, artificial en parte de su origen, pero progresivamente naturalizado y habitado.

La cuestión no es si determinadas poblaciones deben ser controladas o si su presencia puede generar conflictos. La pregunta es si resulta comprensible que una institución con conocimiento especializado en Ecología, Biología, Derecho, Sociología, Educación, Arquitectura, Magisterio, Salud o Comunicación (más de 50 titulaciones) no disponga de un plan estratégico integral para proteger y gestionar la fauna del campus.

Treinta años deberían haber sido suficientes

La Universidad ha alegado problemas higiénicos, incremento de la población de patos y sospechas sobre la posible existencia de salmonelosis. Si estas circunstancias se acreditan técnicamente, requieren una intervención. Proteger a los animales no significa permitir que una población crezca sin control ni ignorar posibles riesgos sanitarios.

Sin embargo, una supuesta sobrepoblación no aparece de un día para otro. Es el resultado de un proceso prolongado que debería haber sido detectado mediante censos, seguimiento y control reproductivo.

Si los patos ya estaban presentes desde la mitad de los años 90, la Universidad ha dispuesto de más de treinta años para planificar su gestión, conocer la evolución de la población, establecer medidas preventivas y atender sus necesidades sanitarias. Cuando no existe una actuación continuada, el conflicto termina presentándose como una emergencia y el traslado o la retirada de los animales aparecen como las únicas soluciones posibles.

No es razonable responsabilizar exclusivamente a los animales de unas consecuencias que también proceden de decisiones, omisiones y condiciones creadas por las personas.

Tampoco debe confundirse protección con ausencia de intervención. Una gestión responsable puede exigir control reproductivo, actuaciones sanitarias, limitación de determinadas prácticas humanas o reorganización de espacios. La diferencia reside en si las decisiones responden a una planificación previa y a criterios técnicos transparentes o se adoptan cuando la situación ya se ha convertido en un problema.

Un campus no es solamente un conjunto de edificios y jardines

La consideración de los campus universitarios como ecosistemas urbanos no es una valoración meramente ética. Está respaldada por la investigación científica.

Un estudio desarrollado en el campus de la Universidad Militar Nueva Granada, en la Sabana de Bogotá, identificó 205 especies de plantas, 80 de aves y 10 de mamíferos, además de anfibios y reptiles. Las aves registradas representaban cerca del 40 % de las especies conocidas en aquel territorio y aproximadamente una cuarta parte eran migratorias.

Sus autores concluyeron que los campus pueden funcionar como refugios de biodiversidad y que su gestión debe preservar suficientes zonas verdes, humedales y hábitats diversos.

La comparación no pretende equiparar dos realidades ecológicas y geográficas distintas. Permite destacar una evidencia fundamental: cuando una universidad mantiene agua, vegetación, arbolado y lugares de refugio, no administra solamente jardines. Administra hábitats.

En la Universidad de Alicante, las aproximadamente noventa especies de aves registradas no utilizan el campus por casualidad. Gorriones, mirlos, jilgueros, vencejos, golondrinas, aviones comunes, gallinetas, garzas, cormoranes y otras aves encuentran allí alimento, agua, refugio o lugares de descanso.

Las decisiones sobre podas, talas, obras, fachadas, iluminación, cristaleras, limpieza o mantenimiento del agua afectan directamente a esas especies. Cada decisión aparentemente técnica puede producir consecuencias ecológicas.

Actuaciones positivas, pero fragmentadas

La Universidad de Alicante ha desarrollado iniciativas que deben reconocerse. Ha instalado cajas nido para aves, refugios para murciélagos y hoteles de insectos. Ha promovido una mayor consideración de la vegetación espontánea y ha facilitado investigaciones sobre erizos, ardillas, insectos y otros animales presentes en el campus.

Sin embargo, una suma de actuaciones aisladas no equivale necesariamente a una política integral.

No consta públicamente la existencia de un instrumento que conecte el conocimiento de las especies con la protección de sus hábitats, la atención a los animales heridos, la prevención de conflictos, las obras, el mantenimiento, la gestión de los animales de origen doméstico, las colonias felinas, las especies invasoras y la participación de la comunidad universitaria.

La diferencia entre una actuación ambiental y una política institucional reside en la planificación, la continuidad, la coordinación, la definición de responsabilidades y la evaluación de los resultados.

Las tortugas: “retirar” no es prevenir

En 2024, durante las obras de reparación de una de las lagunas del Bosque Ilustrado, la Universidad retiró 125 galápagos de Florida y comunicó su traslado al Centro de Recuperación de Fauna de Santa Faz; el final, creo que todos ya sabemos cual fue.

El galápago de Florida está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Su retirada puede encontrarse legal y ecológicamente justificada. Sin embargo, que llegaran a acumularse 125 ejemplares debería haber provocado una reflexión institucional más amplia.

¿Cómo alcanzó la población ese tamaño? ¿Durante cuánto tiempo se produjeron abandonos? ¿Existía seguimiento? ¿Qué medidas se han establecido para impedir nuevas sueltas? ¿Se ha informado sobre el destino posterior de los animales?

No puede afirmarse que aquellos galápagos fueran sacrificados: la información oficial acredita su traslado al Centro de Recuperación de Fauna. Pero la protección también requiere transparencia y trazabilidad.

La gestión de una especie invasora no puede limitarse a retirarla cuando su presencia ya resulta problemática. También exige prevención, vigilancia e información frente al abandono.

Los gatos comunitarios y las relaciones entre especies

Las propuestas presentadas en los presupuestos participativos describen la existencia de varias colonias felinas en el campus principal y en el Campus Oeste. Su alimentación y atención veterinaria recaen, sobre personas que aportan voluntariamente tiempo y recursos particulares.

La gestión pública de los gatos comunitarios corresponde principalmente a la administración local, pero la Universidad no puede considerarse ajena. Es titular y gestora del espacio y decide sobre las obras, la jardinería, el mantenimiento, los accesos y la ubicación de los puntos de alimentación. Lo razonable sería establecer una gestión coordinada con el Ayuntamiento de San Vicente del Raspeig, servicios veterinarios y personas colaboradoras acreditadas.

Investigaciones desarrolladas en el propio campus han observado, además, que los alimentos depositados para los gatos pueden atraer a los erizos, concentrarlos artificialmente y modificar su comportamiento.

Esto demuestra que no es posible gestionar cada especie de manera aislada. El campus constituye una red de relaciones ecológicas y sociales. La solución no consiste en enfrentar la protección de los gatos con la conservación de los erizos o las aves, sino en adoptar una mirada integral que permita prevenir riesgos y compatibilizar necesidades.

¿Qué sucede cuando aparece un animal herido?

Tampoco consta públicamente un protocolo general, claro y fácilmente accesible que indique cómo debe actuar una persona cuando encuentra un vencejo caído, un gorrión herido, una tórtola desorientada, una cría de ardilla, un erizo enfermo, un gato atrapado o un pato lesionado.

¿A qué servicio debe dirigirse? ¿Quién valora la urgencia? ¿Existe una persona responsable? ¿Hay coordinación estable con el Centro de Recuperación de Fauna de Santa Faz? ¿Se registran los casos y se analizan sus causas?

En los presupuestos participativos de 2026 se han presentado propuestas para crear un protocolo de atención y seguimiento veterinario, mejorar el conocimiento de las poblaciones, instalar puntos de agua, proteger la nidificación de las aves y gestionar las colonias felinas.

Estas propuestas no demuestran por sí solas que no exista ningún procedimiento interno. Sí evidencian que parte de la comunidad universitaria no identifica un sistema oficial, visible y suficientemente conocido. Existe sensibilidad y voluntad de participación. Lo que falta es convertirlas en una estructura institucional estable.

Los patos necesitan garantías

Si existe sospecha de salmonelosis u otra enfermedad transmisible, la Universidad debe realizar las pruebas necesarias y proteger tanto la salud pública como la salud de los animales. Lo cuestionable no es que se investigue una posible enfermedad, sino la insuficiente información pública sobre el conjunto de la actuación.

No se han difundido de manera fácilmente accesible el censo completo de patos, los informes veterinarios, el número de ejemplares analizados, los resultados de las pruebas, la capacidad del lago del Bosque Ilustrado para acogerlos, las medidas posteriores al traslado ni el destino de los animales enfermos o que no puedan regresar.

Afirmar que determinados ejemplares “no van a volver” no explica qué sucederá con ellos. Una infección no equivale automáticamente a una enfermedad incurable y un resultado positivo no justifica por sí solo el sacrificio.

No puede afirmarse que la Universidad haya decidido sacrificar a los patos. Precisamente por eso debe ofrecer garantías claras que eliminen la incertidumbre y permitan conocer el destino de cada animal.

La transparencia no es una concesión a quienes han mostrado preocupación. Es una obligación de una institución pública que adopta decisiones sobre animales cuya presencia ha sido conocida y normalizada durante más de treinta años.

Retirar individuos no elimina las causas

El campus de la Universidad de Alicante es un espacio abierto. Sus estanques, jardines, edificios y masas arboladas seguirán proporcionando alimento, agua y refugio. Aunque se retiren los individuos actuales, otros animales podrán llegar, reproducirse o ser abandonados allí.

Si continúan existiendo recursos accesibles, reproducción no gestionada, abandonos, ausencia de seguimiento y falta de educación ambiental, los conflictos volverán a aparecer.

Retirar una población sin intervenir sobre las causas que explican su presencia no resuelve el problema. Solo lo desplaza o lo aplaza.

La alternativa no es dejar que las poblaciones crezcan sin control. La alternativa es sustituir la improvisación por planificación.

Estado actual de los estanques en la Universidad de Alicante

Otras universidades ya están avanzando

La creación de un modelo institucional para gestionar la fauna de un campus no es una propuesta abstracta.

En 2026, la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador desarrolló un manual de procesos para la gestión integral y el manejo responsable de la fauna urbana vinculada a su comunidad universitaria. El trabajo propone ordenar las actuaciones, definir responsabilidades, coordinar a los agentes implicados y evaluar los resultados. También contempla su posible transferencia a otras universidades con problemas semejantes.

Por otra parte, en el campus El Volador de la Universidad Nacional de Colombia se han desarrollado experiencias pedagógicas e interdisciplinares basadas en el reconocimiento de las distintas formas de vida presentes en el recinto. El campus se entiende como un espacio de investigación, aprendizaje situado y coexistencia multiespecie.

Son dos perspectivas complementarias: una organiza la gestión institucional; la otra transforma el campus en un espacio de conocimiento, participación y cuidado.

La Universidad de Alicante dispone de las condiciones académicas, ambientales y sociales necesarias para desarrollar un modelo propio.

Una oportunidad para convertirse en referente

La polémica de los patos podría convertirse en el punto de partida para elaborar un Plan estratégico de protección y gestión de la fauna del campus.

Este instrumento debería abordar de forma coordinada el conocimiento de las poblaciones, la prevención de conflictos, la atención a los animales, la protección de los hábitats, la participación universitaria, la formación, la investigación y la rendición de cuentas. Su desarrollo requiere conocimientos especializados, metodología, coordinación institucional e indicadores que permitan evaluar los resultados.

El campus podría convertirse así en un laboratorio vivo de ecología urbana, protección animal, educación ambiental y gobernanza relacional. Sus facultades, departamentos y comunidad universitaria disponen del conocimiento necesario para generar investigación aplicada y transferible a otras instituciones y municipios.

Eso sí sería innovación.

Imagen elaborada con IA de cómo debería actuar una Universidad del Siglo XXI

La coherencia también educa

Las universidades no educan solamente mediante sus titulaciones. También lo hacen a través de la forma en que gestionan sus espacios, afrontan los conflictos y responden ante los seres vulnerables.

No resulta coherente hablar de sostenibilidad, biodiversidad, cultura, innovación y Objetivos de Desarrollo Sostenible mientras la fauna del campus se encuentra en situaciones de vulnerabilidad y se gestiona mediante actuaciones fragmentarias, respuestas de urgencia o decisiones insuficientemente explicadas.

Proteger no significa no intervenir. Significa intervenir con conocimiento, prevención, proporcionalidad, transparencia y responsabilidad. Tampoco se trata de anteponer a los animales a la salud pública o al funcionamiento de la Universidad. Una gestión moderna debe integrar la salud de las personas, la protección de los animales, la conservación de la biodiversidad y el uso compartido del espacio.

Han pasado más de treinta años desde que, como estudiante, veía a los patos formar parte de la vida cotidiana de la Universidad de Alicante. En ese tiempo han cambiado la normativa, el conocimiento científico y la sensibilidad social hacia los animales.

Lo que no debería permanecer inalterado es una forma de gestión basada en intervenir cuando el conflicto ya se ha producido.

Una universidad del siglo XXI no se limita a retirar la vida que genera inconvenientes. Estudia sus relaciones, previene los conflictos y asume la responsabilidad de gestionarla.

La Universidad de Alicante tiene ante sí una oportunidad para dejar de considerar a los animales como un problema sobrevenido y convertir su campus en un verdadero modelo de conocimiento, participación y protección de la vida compartida.

Esther Esquembre Bebia

Socióloga y consultora en gobernanza relacional y responsabilidad animal aplicada

Referencias

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Piña Villa, K. D. (2026). Diseño del manual de procesos para la gestión integral y manejo responsable de fauna urbana del Club de Bienestar Animal de la Escuela Politécnica Nacional. Escuela Politécnica Nacional.

Sánchez, F., Martínez-Habibe, M. C., Díaz, S., Medina, N., Riaño, J. y Paqui, M. F. (2015). Biodiversidad en un campus universitario en la Sabana de Bogotá: inventario de plantas y tetrápodos. Boletín Científico del Centro de Museos. Museo de Historia Natural, 19(2), 186-203. https://doi.org/10.17151/bccm.2015.19.2.11

https://www.informacion.es/alicante/2026/08/02/ua-deja-estanques-agua-proceso-133041547.html

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